ENCERRADA

Acabo de terminar de trabajar, hoy ha sido un día psicológicamente duro. Es difícil estar de cara al público y tener la mente bloqueada por miedo mientras disimulas y sonríes frente a ellos.

Cojo el coche y me dirijo a casa de mi prima para recoger a mi hija. Allí por fin tengo ese ratito en el que puedo evadirme un poco de todo, y las risas que me salen ahora si son sinceras. Ella siempre consigue hacerme sonreír y esa es una de las razones por la que la quiero tanto.

Llegó la hora de volver a casa. Voy conduciendo, y durante los pocos kilómetros que separan nuestros hogares, las lágrimas empiezan a brotar de mis ojos. Intento disimular para que mi niñita no me vea, pero el pánico que las hace salir es mucho más fuerte. Intento distraerme preguntándola que tal la fue el día; si jugó mucho, si dibujó, y ella con esa carita tan bonita y esa vocecilla me cuenta sonriente todo lo que hizo.

Llegamos a la puerta de casa y aparco el coche. A veces dudo de que será lo mejor, si dejarlo en la misma puerta o algo más alejado, y al final acabo dejándolo en el mismo lugar. Apago el motor y me quedo paralizada mirando hacia el frente. No me atrevo a bajar del coche. ¿y si está escondido esperando a que salga?, ¿y si está dentro de mi casa esperando a que entre para pegarme un tiro como dice?. Mil cosas más pasan por mi cabeza.

El pánico se apodera de mí, ya no sé donde esconderme, ni a quién pedir ayuda. Sólo quiero huir, huir lejos, donde no pueda encontrarnos jamás y donde podamos comenzar una nueva vida. Pero no puedo, si lo hago podría perder a mi niñita, podría denunciarme por secuestro y eso me atormenta.

Por fin cojo fuerzas y me decido a bajar del coche. Al principio salgo despacio comprobando que no viene hacia mí. Saco a mi hija y corriendo entramos en casa. Enciendo las luces y reviso todos y cada uno de los rincones para asegurarme que estamos solas. Echo la llave y los pestillos de todas las puertas, y una vez listo, con el corazón todavía en un puño doy a mi niña su baño y la acuesto en su camita. Ese mágico momento, junto con el que pasé con mi prima han sido los únicos ratos que he podido distraerme en todo el día y no pensar en lo que tengo encima.

Sé que tengo que ser fuerte. Sé que tengo que luchar, y aunque no sé como acabará todo esto, sé que terminará

No tengo ganas de ver la televisión, ni de estar en la planta baja de la casa, no me siento segura alli. Subo arriba, conecto la alarma para que me avise si entra y me encierro en la habitación.

Aquí estoy, en el único espacio en que me siento segura. Aquí puedo llorar sin miedo a que me vean, aquí puedo desnudar mi alma y aquí, es donde realmente quiero estar.

Estoy hundida física y mentalmente, amenazada de muerte por el padre de mi hija y sola. He sabido esconder esta situación tan bien y como además él sabe mentir como nadie, ahora que me atrevo a hablar y a contar lo que realmente me pasa, pocos me creen. No son capaces de comprender la tormenta que estoy viviendo, aunque la verdad es que ni yo misma creía hasta hace unos años que existiese este infierno, y yo, estoy dentro de él. Te lo cuentan, lo ves en las noticias, pero nada de lo que oyes se acerca a la realidad.

Se me pasan mil cosas por la cabeza para hacer con mi vida, y por desgracia ninguna buena.

Jamás pensé que sus insultos, amenazas, humillaciones y desprecios pudiesen llegar a tal extremo.

Pero sé realista -me digo a mi misma- siempre ha sido agresivo, ha llegado a hacer cosas que sólo una persona sin escrúpulos ni sentimientos puede hacer. ¿Y de verdad pensabas que no sería de capaz de hacerte daño?. Pero que tonta, mírate, aquí estas, encerrada entre estas cuatro paredes y con la alarma puesta. Tienes claro que si no fuese por la pequeña que te da la fuerza para continuar, la personita que tienes en la otra habitación, no te atreverías a salir de aquí, porque es tan grande el miedo y el pánico que sientes, que te paraliza, te bloquea y te rompe en pedazos. En ese momento sólo quieres dejar de sufrir y de pensar, pero sobre todo dejar de sentir que estas muerta en vida. Estás perdida y sola, pero nunca te rindes, nunca. Siempre sabes como encontrar el camino. La diferencia es que ahora no estás sola, ahora hay alguien que sigue tus pasos, tu hija, y eso te hace aún más fuerte.

Después de un rato hablándome a mi misma decidí respirar fuerte y convencerme de que yo podría con eso. Aunque fuese duro y aunque no tuviese fuerzas no me rendiría. Agarraría a mi hija de la mano para guiarla al camino que nos llevara a un futuro mejor. No más fácil ni lleno de rosas, pero sí mejor. Sequé mis lágrimas, y cerré mis ojos dejándome llevar a un mundo donde los sueños se hacen realidad, a un mundo en el que los miedos no existen y las lágrimas se convierten en bonitas sonrisas.

Han pasado años desde aquel momento que por desgracia se repetía casi a diario. El recuerdo sigue doliendo como si fuese ayer, pero no dejo que influya negativamente en mi presente. Lo uso de inspiración y de superación, porque aunque fué duro, aquí estoy.

Todos esos instantes me enseñaron a valorar la vida de una forma que creía que no existía.

Gracias a todo aquello hoy valoro las pequeñas cosas que me rodean hasta tal punto, que solo puedo sentirme agradecida. Hoy puedo decir bien alto y claro que estoy VIVA , y esto es lo más maravilloso que me podría pasar.

Un enorme beso a todos.

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