NOS VOLVEREMOS A ENCONTRAR EN MI PARAISO

Aquí estoy, de pie, paralizada ante la puerta que espero que cambie mi vida en cuanto cruce por ella. Me encuentro hundida psicológicamente, desesperada y con la autoestima tan baja que ya no encuentro salida a esta situación.

De repente se abre la puerta, y de ella sale una doctora pronunciando mi nombre. Ya está, ya llegó el momento y estoy nerviosa, muy nerviosa. Camino detrás de ella y tomo asiento delante de su mesa. Me mira a los ojos y tranquilamente me anima a contar el motivo de mi consulta. Respiro profundamente, cojo fuerzas y esta es mi respuesta: – Por favor, necesito que me ayudes a seguir con vida, porque yo sola no podré conseguirlo.

Es increíble como una desgracia, como la perdida de un ser querido, te abre los ojos, te despierta de la pesadilla en que estás viviendo y te muestra las dos caras de la moneda.

Él era una persona increíble, un gran marido, padre, hijo, amigo…. Él, era un gran apoyo para mi.

¿Cómo no pude darme cuenta por lo que estabas pasando?. ¿Sabes?. Creía que estabas enfadado conmigo, y creí que ese era el motivo por el que estabas tan serio. Jamás hubiese imaginado cual era realmente la causa. Dios, estaba tan encerrada en mí que ni siquiera se me ocurrió preguntarte como estabas tu.

Nunca olvidaré aquel día en el que me llamaron por teléfono avisándome de que habías desaparecido. Llevaban horas buscándote y no te encontraban. Fue sin duda uno de los peores momentos de mi vida. Pero peor fue cuando al día siguiente me comunicaron que te habían encontrado. Habías decidido acabar con tu vida.

Me enfade muchísimo contigo, ¿cómo habías sido capaz de abandonarnos así?. Dejaste sola a tu mujer con tres niños, a tus hijos sin padre, a tus padres sin hijo, a tus hermanos sin hermano y a mí, sin ti.

Pero entonces pensé fríamente y comprendí que no podía enfardarme contigo ya que en ese momento yo estaba pensando en hacer exactamente lo mismo que tú, y el sentimiento de enfado cambió por el de comprensión. Estabas enfermo y lo que sucedió realmente es que no pudimos ayudarte.

Podía imaginar perfectamente lo que pasaba por tu cabeza antes de hacerlo. Estabas tan roto por dentro que tu único pensamiento era que todos estarían mejor sin ti ya que, cuando nos sumimos en una depresión no somos capaces de ver más allá, y por desgracia la mayoría de la sociedad no ve la depresión como una enfermedad, no entienden que no se trata de ser cobarde o rendirse, se trata de que necesitamos ayuda y nos da miedo pedirla. Pero no hay que avergonzarse por ello ya que es una enfermedad que se merece el mismo respeto que cualquier otra. Hay que comprender que una persona cuando llega a esos extremos es porque su mente y su corazón llevan tiempo muertos por dentro.

Pero tú me mostraste la otra realidad. Me diste la oportunidad de poder ver lo que ocurre cuando alguien toma esa decisión, y lo único que queda es destrucción y mucho dolor. Por eso, desde aquí quiero mandar un mensaje a todas esas personas que se sienten abatidas y no encuentran solución. Quiero que sepan que no deben tener miedo a pedir ayuda, porque siempre habrá alguien dispuesto a ayudarlas, porque aunque en ese momento no sean capaces de darse cuenta, será mucho mayor el dolor que causarán con su ida. Porque cada persona es única e irremplazable, asi que sólo por los que nos necesitan merece la pena seguir hacia adelante.

Ojalá nunca hubiese pasado por ello. Ojalá estuvieses aquí con nosotros. Ojalá te hubiésemos podido ayudar. Ojalá te hubieses dejado ayudar.

Te echo mucho de menos, tú me enseñaste a no rendirme, tu me enseñaste a ver lo
importante que somos para nuestra familia y amigos, tú me enseñaste a vivir, y sé, que el día que nos volvamos a ver en nuestro cielo nos sentaremos juntos para hablar de nuestras cosas como lo hacíamos antes, volveré a ver esa sonrisa tuya tan bonita y a sentir el abrazo que tanto necesito.

Ahora desde aquí solo puedo decirte que te echo de menos y que te quiero.

Nos volveremos a encontrar en nuestro paraíso.

Un enorme beso a todos.

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