EL DIA QUE UNA JUEZA ME DIO LA ESPALDA

Recuerdo como si fuese ayer aquel día en el que te sacó del coche a la fuerza, te cogió en
brazos y me amenazó diciendo que no te volvería a ver más. El sabía que era la única forma de hacerme daño ya que lo había intentado de muchas maneras y no conseguía derrotarme.

Salí corriendo detrás de él suplicando que por favor te devolviese a mí. Aún no sé cómo
conseguí agarrarme a ti, y dejando caer todo mi peso sobre él logré que te soltase. Caímos al suelo, me puse encima tuya para protegerte con mi cuerpo y evitar que te arrebatase de mi lado nuevamente y pudiese hacerte daño.

Intentó levantarme con fuerza y al no conseguirlo empezó a darme patadas. Pude levantarme gracias a la ayuda de personas que estaban por allí y lograron apartarlo de nosotras. Te cogí del suelo y salí corriendo hacia el coche. Tu llanto se me clavaba en el pecho atravesándome como si fuesen espadas de dolor. Temblando de pánico arranqué y conduje sin parar a casa de unos familiares, un refugio donde escondernos y no pudiera encontrarnos.

Era tal el miedo que tenía que solamente quería ponernos a salvo. No pensé ni por asomo en ir al hospital y hacernos un reconocimiento médico para tener pruebas contra él. Yo sólo pensaba en tí, mi niña, y en que no podía permitir que te arrebatase de mi lado. “A saber de lo que sería de capaz de hacer contigo con tal de hacerme daño”.

Cuál fue mi sorpresa cuando llegue a declarar frente a la jueza y me empezó a tratar como si yo fuese la culpable. Me dijo que no me daría protección porque para ella era una simple disputa matrimonial. Incluso me llegó a preguntar si las patadas me las dio fuertes o flojas. Me echó en cara varias veces el no tener un parte de lesiones.

No podía dejar de llorar, no daba crédito a lo que estaba pasando, ¿Cómo puede ser que
alguien que sé supone que tiene protegerte y ayudarte a salir de ese infierno me atacara a mí?. ¿A qué estaba esperando?. ¿A que me matase?.

En ese momento comprendí porque hay tantas mujeres muertas. Si no tienes un parte de lesiones no te hacen caso, no eres victima de violencia de género y por tanto te quedas sola ante ese ser que te tiene atemorizada, amenazada y casi muerta en vida.

Afortunadamente, aunque en mi caso me sentí bastante desprotegida, no todos los jueces son así. Cada vez toman más conciencia sobre la violencia de género, y yo, tengo la esperanza de que algún día deje de cuestionarse si te estaba pegando fuerte o flojo.

Para terminar he de deciros que antes de publicar este artículo decidí mostrárselo primero a mi hija, estas fueron sus palabras: “lo has suavizado mucho, pero me gusta”.

Un enorme beso a todos

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4 comentarios sobre “EL DIA QUE UNA JUEZA ME DIO LA ESPALDA

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